Sobre unos benficios antes de impuestos de 17.600 millones, los bancos pagaron 3.300 millones. Un 18,7% de tipo efectivo real. Éste es el gravamen que la banca española dice haber pagado en el Impuesto de Sociedades en el ejercicio 2014, de acuerdo con las cuentas de pérdidas y ganancias publicadas por cada entidad. Créditos fiscales, bases imponibles negativas… las pérdidas masivas de ejercicios pasados les permiten ahora no pagar apenas impuestos.

Caixabank cerró el ejercicio 2014 con un resultado final de 620 millones de euros. De este beneficio contable, apenas 202 millones se generaron antes de impuestos. Y es que el banco catalán se anotó en su cuenta de pérdidas y ganancias más de 417,7 millones de euros por un impuesto de sociedades a su favor, todo a resultados. Es decir, que de cada euro ganado con el negocio ordinario de la entidad (captar depósitos y dar préstamos), Hacienda le reportó otros dos.

El caso de Abanca, la nueva marca de la antigua nacionalizada Novagalicia, la situación es similar. La entidad gallega (ahora en manos del grupo venezolano Banesco) fue adquirida en 2013 por unos mil millones de euros, después de que el Estado (vía FROB) la recapitalizara con más de 8.900 millones de dinero público. Apenas un año después la entidad presenta unos resultados que la sitúan como la tercera entidad del país: 1.198,6 millones de euros, por delante incluso de Caixabank o Bankia. ¿El secreto? Entre otras operaciones (desdotaciones de carteras en balance sobre todo) gracias a la anotación de 446,8 millones de euros en ingresos vía el impuesto de sociedades. Las pérdidas, cubiertas por el contribuyente, permiten anotarse beneficios fiscales que van a manos de los nuevos dueños.

Las circunstancias de Caixabank y Abanca en este 2014 son quizás las más llamativas, pero de manera general los bancos españoles pagan unos tipos efectivos en el Impuesto de Sociedades muy por debajo del tipo medio del 30% que impera en España. Un fenómeno que explica la cada vez menor recaudación de este tributo. Las catorce mayores entidades financieras declararon unos beneficios conjuntos de 17.575 millones de euros en 2014, según reflejan sus cuentas de pérdidas y ganancias. En este mismo ejercicio su contabilidad refleja que han destinado 3.291 millones al Impuesto de Sociedades, lo que da como resultado un tipo efectivo del 18,7% (ver gráfico inferior).

La banca dice en sus propias cuentas que pagó poco más de la mitad de lo que en teoría le correspondía por sus beneficios. Y eso que los datos están desviados por la sobrerrepresentación de Santander y BBVA, las dos entidades con una mayor presencia exterior, y cuyo pago de tributos presenta diferencias sustanciales respecto al resto. Y es que son entidades que generan ya la mayoría de su beneficio fuera de España, por lo que buena parte de sus tributos son también atendidos en el exterior, con gravámenes y regulaciones distintas.

No paga igual Santander que Grupo Santander

El Grupo Santander en su conjunto presentó unos beneficios antes de impuestos de 9.720 millones, y sus cuentas dicen que empleó 2.696 millones a cumplir con el Impuesto de Sociedades, lo que significaría un tipo efectivo del 27,7%. Es decir, que el mayor banco del país no solo es el que más pagó en cifras absolutas, sino el que más aportó en cuanto al tipo efectivo. Sin embargo, la parte española del grupo (Santander SA), presenta unas cuentas propias bien distintas: En 2014 ganó 1.434,9 millones de euros de beneficio neto, pero después de no solo no haber pagado impuestos, sino de haberse anotado unos ingresos de 423,7 millones de euros en Sociedades.

Tal como explican a este diario fuentes tributarias y del sector financiero, estas partidas no significan que directamente el Estado ingrese ese dinero a los bancos. Son anotaciones contables que se computan a efectos de la cuenta de resultados, pero que en la práctica suponen el pago de menos impuestos en el futuro. “No es que tal entidad haya cobrado 400 millones, es que ha generado 400 millones de euros en derechos a pagar menos impuestos en el futuro”, explica Francisco de la Torre, inspector de Hacienda y asesor en el programa económico-fiscal de Ciudadanos.

Tal como puntualiza De la Torre, el sistema financiero español supone un caso muy extremo porque “es el que ha ido absorbiendo las pérdidas del resto de sectores“. Por ejemplo: cuando una empresa promotora vio como se desplomaban sus ventas y no pudo afrontar sus pagos, fue el banco el que acabó quedándose con las garantías, que continuaron devaluándose por lo menos hasta 2013. Estos activos tóxicos han supuesto miles de millones en provisiones (partidas contables para cubrir posibles pérdidas), que han supuesto quebrantos para todas las entidades financieras.

Estas pérdidas milmillonarias han supuesto para las entidades que éstas puedan anotarse también miles de millones en beneficios fiscales futuros. Es decir, derechos a pagar menos impuestos en ejercicios próximos. “Hasta que no se compensen estas pérdidas no se generarán ingresos importantes. Esta es una de las razones detrás de la crisis del Impuesto de Sociedades en España“, añade.

Créditos fiscales y DTA

¿Cómo se instrumentalizan estos beneficios fiscales de la banca? ¿Por qué no gozan de ellos otros sectores? Como ya se señaló, los bancos han gestionado desde el inicio de la crisis un inmenso balance de activos cada vez más depreciados, y que las autoridades han obligado a provisionar. Estas provisiones llevaron al sector a un esfuerzo sin precedentes por cubrir sus riesgos, por lo que la administración lo compensó permitiendo a bancos y cajas que generaran activos fiscales de cara a pagar menos impuestos en el futuro. Posteriormente, para garantizar la solvencia de los mismos, el Gobierno rescató a las entidades y garantizó 30.000 millones de estos derechos (conocidos como DTA), una operación que ahora investiga Bruselas.

“Ha sido una forma de recapitalizar a los bancos de una forma más barata, aunque ha supuesto tener ahora menos ingresos tributarios”, indica De la Torre. También como una vía de rescate a la banca lo ve el economista Javier Santacruz, investigador de la Universidad de Essex. En sus balances, los bancos tienen principalmente tres tipos de créditos fiscales: “Están las bases imponibles negativas, producto de los años más duros de la crisis, y que permiten pagar menos. Además, están los llamados Activos Fiscales Diferidos (DTA), que son un tipo de crédito fiscal que se puede activar si se logran beneficios en ejercicios futuros. Además, están los impuestos que las entidades pagan fuera de España, ya que calculando la diferencia puede generarse un derecho a pagar menos en el impuesto de sociedades. Todo son facilidades para los bancos“, concluye.

Estos créditos fiscales son los que se aplican, en contabilidad, al llamado beneficio antes de impuestos. Tras hacer esta operación se obtiene la llamada base imponible, que es la cantidad sobre la que se aplicará el tipo efectivo del 30% en el IS. En función de cuánto haya reducido la base imponible el empleo de las deducciones fiscales, el tipo efectivo de los bancos se aminora respecto del tipo general.