Este jueves 23 de abril arranca uno de los festivales veteranos del panorama nacional, el Festimad madrileño. Su filosofía de promoción de nuevas bandas y su carácter urbano son la evolución del que no hace tanto fue un macro-festival de referencia.

La vida del Festimad madrileño, que desde este jueves 23 de abril cumple su 22ª edición, ha dado para mucho. Echando un vistazo a su historia, uno ve la capacidad de evolución de uno de los festivales más veteranos del panorama nacional, que ha conseguido sobrevivir en un terreno de difícil abono para estos eventos, Madrid. No son pocos los que se quedaron por el camino y otros buscan nuevas fórmulas de supervivencia.

El del Festimad es un caso de reinvención. Nacido en 1994 como festival urbano, en 2009 dio un giro hacia sus orígenes tras más de una década. Cuenta con una propuesta de más de 60 conciertos en 33 escenarios y salas repartidas por toda la Comunidad de Madrid (su principal respaldo), con el lanzamiento de bandas emergentes como objetivo. Iniciativas como el Festimad Open de este sábado 25 en la sala Paddock, con actuaciones de ocho bandas madrileñas (Los Coronas a la cabeza), y con ‘cazatalentos’ y directores de festivales europeos entre la audiencia, dan sentido a este formato. No obstante, tampoco cierra la puerta a artistas veteranos como Javier Krahe, Rosendo o Barón Rojo.

Nombres consagrados que recordarán a los más fieles y nostálgicos que el Festimad un día fue joven y ambicioso. Una referencia para el circuito de macro-festivales que hoy dominan gigantes como Primavera Sound, FIB, BBK… Tiempos en los que el cartel estaba repleto de estrellas internacionales, siendo en muchas ocasiones la única alternativa para ver en España a Rage Against the Machine, Metallica, Public Enemy, Marilyn Manson… En sus instalaciones se pagaba con ‘mad’, la moneda oficial del festival, práctica que se extendió como pueden dar fe los ‘festivaleros’ habituales.

Desde 1997 hasta 2004, salvo la ‘edición fantasma’ del 2000, El Soto en Móstoles fue su sede, pero el impacto que sufría el parque motivó su traslado. Y fue duro. Tanto que al año siguiente se dio la conocida ‘edición maldita’. Las temperaturas altas y el polvo existente en la zona industrial de Fuenlabrada que les acogió motivaron las quejas de muchos. Ira desatada cuando el fallo en uno de los escenarios provocó cuatro horas de parón que desembocaron en vandalismo, asalto a las barras y coches quemados.

Su posterior paso por Leganés fue una transición hasta la vuelta en 2009 a la idea original. “Nuevos artistas, en nuevos escenarios, para nuevos públicos”, aseguró su director, Julio Muñoz, en la presentación de esta edición de 2015 dedicada a la figura del desaparecido Fernando Esteve, uno de sus impulsores. Un sinfín de alternativas y estilos hasta el próximo 9 de mayo. Apostar por la “renovación” y huir de los “cachés desorbitados” es la actual premisa de un festival que un día marcó el camino para muchos otros. O quizá lo siga haciendo.

Fotos | Festimad