La plataforma online dejará que los hoteles ofrezcan mejores tarifas a las agencias rivales (bien por la competencia), pero seguirá sin permitir a los establecimientos vender con tarifas más bajas en su propia web (bien por… ejem). Los hoteleros creen que la medida sólo beneficia a las otras agencias online y que ellos se quedan igual.

Los intermediarios, en el sector del turismo como en cualquier otro, cuando adquieren cierto peso se ven con capacidad de imponer impunemente sus condiciones. Si por tamaño o popularidad, un comercializador se convierte en escaparate masivo, en un verdadero conseguidor y embudo de clientes, alguna empresa puede acabar viendo cómo su negocio tiene que pasar por el aro de esa dependencia (y su política comercial puede perder autonomía).

Al calor del auge del comercio electrónico en el sector de los viajes, las grandes agencias online (los grandes intermediarios) han conseguido imponer una política de precios a su medida a las compañías turísticas. Booking.com, líder en reservas online de habitaciones, obliga a los hoteles que quieren estar en su plataforma a que se comprometan a no ofrecer precios inferiores en ningún otro sitio web ni en ninguna fórmula presencial. Pronto dejará de hacerlo, o casi.

Los hoteles podrán vender todo lo barato que quieran a través de los rivales de Booking.com, pero no podrán ofrecer tarifas inferiores en su propia web

Esta práctica, la de garantizarse por obligación un precio igual o incluso mejor, estaba siendo objeto de una investigación coordinada por parte de las autoridades de competencia de Francia, Italia y Suecia (en España nadie ha movido una ceja). Booking.com, para evitarse una eventual multa y otros males mayores, ha decidido remozar sus prácticas y a partir del 1 de julio dejará de imponer esa cláusula. Pero aplicará otra que deja al sector hotelero casi igual que estaba.

La oferta de Booking.com, aceptada por las autoridades de competencia, pasa por permitir que los hoteles ofrezcan a otras agencias online rivales precios inferiores. Sin embargo, la compañía continuará imponiendo la cláusula de paridad (que así es como se denomina esta práctica) cuando sea el hotel el que comercialice directamente su habitación. Esto es, los establecimientos pueden vender todo lo barato que quieran sus estancias a través de los rivales de Booking.com, pero no podrán ofrecer tarifas inferiores en su propia página web.

La decepción del hotelero

“Los rivales de Booking deben de estar encantados, ellos podrán intentar conseguir mejores tarifas y, si tienen suficiente fuerza, podrán imponérnoslas”, resume un ejecutivo de un grupo hotelero español. “Pero nosotros nos quedamos igual, sin poder ofrecer directamente una tarifa mejor y obligados a mantener disponibles un número de plazas para Booking”.

La patronal hotelera europea, Hotrec, ha expresado su “decepción”, su “insatisfacción”, con la decisión de las autoridades de competencia de aceptar las condiciones propuestas por Booking. Un escenario que “congela la inaceptable situación actual con que Booking.com impide la libertad empresarial de los hoteleros para competir con ellos en precios y condiciones”.

Desde la patronal hotelera, en la que participa la española Cehat, se critica la “decisión anticompetitiva de las autoridades de competencia”. Hotrec ya ha amagado en otras ocasiones con abrir una batalla legal contra las cláusulas de paridad, y ahora vuelve a hacerlo, claro. “La industria hotelera tendrá que ver ahora qué pasos tomar para restaurar una completa libertad empresarial y que, con ello, los consumidores se beneficien de una competencia real en el sector de las reservas hoteleras”.

El nuevo escenario -que en principio la agencia implementará sólo en Francia, Italia y Suecia, para luego ampliarlo al resto de Europa- no contenta a (casi) nadie. Booking.com se queda sin parte de las ventajas (anticompetitivas) que le ofrece su tamaño y su popularidad. Los hoteles se quedan sin la posibilidad de ofrecer mejores tarifas para fomentar la venta directa. Y las otras plataformas online rivales de Booking se quedan como las únicas que sacan algo positivo de una decisión que quizá pretendía ser salomónica, pero que simplemente se queda en solución a medias.