El diputado venezolano que denuncia los vínculos entre Podemos y el chavismo compartió una velada con el ideólogo del partido de Pablo Iglesias, según narra él mismo en uno de los documentos que ha difundido.

Entre la gran cantidad de documentos divulgados por el opositor venezolano Julio Montoya se encuentra uno donde narra, a modo de introducción, cómo conoció personalmente a Juan Carlos Monedero. El dirigente de Podemos es para Montoya el auténtico ideólogo del chavismo, y a él atribuye la elaboración de la estrategia política de Hugo Chávez y Nicolás Maduro.

“Finalizaba mis estudios en la Complutense y como corresponde a cualquier venezolano con aspiraciones de hacerse realmente madrileño, salí con unos compañeros de estudios a deambular por las noches de la capital”, cuenta el diputado de Primero Justicia. Cuál fue su sorpresa cuando en mitad de la velada se encontraron “con él (Monedero) en un bar”. Las amigas del hoy político opositor al régimen bolivariano, “egresadas todas de la UCM en politología, convocaron al catedrático para la charla”. Buscaban “el comentario inteligente, el análisis crítico y la ironía sobre la situación del país”.

El ideólogo de Podemos lamentó que la corrupción y la ineficiencia lastraran las ideas de Chávez

“Para ese entonces España no se había enfrentado a la indigestión del ladrillo y Zapatero apuntaba a formas de ser recordado como un presidente progresista y de buen talante”, continúa relatando. “Como estoy seguro que Monedero no escuchó bien mi nombre en aquel bar ni el acento venezolano que acompañaba mis palabras, el futuro número dos del partido Podemos se lanzó un breve monólogo sobre la realidad venezolana”.

Montoya asegura que Monedero se declaró “defensor y amigo del presidente Chávez”, lo cual no le impidió diagnosticar “la incapacidad de poner en práctica las ideas del caudillo venezolano”. Corría el año 2007 y juró “que su compromiso con el país venezolano estaba superado (falso, seguiría trabajando para Maduro), que la corrupción, la ineficiencia y la sobreexplotación de un modelo petrolero, haría imposible la supervivencia de aquel socialismo”.

“Monedero, en aquella cátedra improvisada de bar y cañas, se mostraba como un socialista puro desencantado y agobiado por los juegos sucios de la política del país sudamericano, juegos de poder que, como hemos visto, él, desde su Fundación, ayudó a construir”, concluye el político venezolano.

Otro breve encuentro en Venezuela

Sin embargo, esa fue la segunda vez que coincidió con el ideólogo de Podemos, a quien ahora tiene en el punto de mira por los trabajos que afirma realizó para el chavismo y que “tanto daño han hecho a Venezuela”.

En la primera ocasión también ejerció como “acompañante silencioso del interlocutor con quien hablaba” y fue un encuentro mucho más corto e improductivo. No da una referencia exacta de la fecha en que ocurrió “por la prudencia que exigen estos tiempos a los venezolanos” pero sí cuenta que “fue en Venezolana de Televisión, canal del estado en el que trabajaba un amigo que estaba visitando”.

Montoya recuerda que por entonces no conocía a Monedero y fue su amigo quien le explicó que “era un acreditado profesor de la Universidad Complutense de Madrid que prestaba asesoría al gobierno de Chávez y que dividía su agenda profesional entre ambas capitales”.

Antes de esa aclaración, había asistido a una “breve conversación de pasillos”, donde el hoy secretario de Programa de Podemos “hizo, sin mayor prudencia ante quienes podían oírlo, una referencia a sus compromisos de trabajo, lo arduo que había sido su gira por las regiones de Venezuela durante su consultoría y, lo más interesante, lo decepcionante que estaba resultando todo ello para él pues, según explicó, la descoordinación, la negligencia y la corrupción, hacía imposible llegar a concretar las ideas del caudillo de la Revolución bolivariana”. Una reflexión muy similar a la que haría años después, en ese bar de Madrid.

“Me pareció que el profesor madrileño tenía mucho que decir de cómo hacer las cosas en Venezuela pero eran pocos, muy pocos, los que podían calibrar la brillantez de sus ideas”, concluye el diputado.