La lista de nominados al premio Inventor Europeo del Año no incluye en esta edición a ningún español, tras dos presencias consecutivas y después de que hace dos años se llevara el galardón el ingeniero José Luis López Gómez, de Talgo.

No corren buenos tiempos para la ciencia española. Los datos de la Oficina Europea de Patentes (EPO, por sus siglas en inglés) colocan a España en el octavo puesto de la UE por número de solicitudes en 2014, una bajada del 2,1% con respecto al año anterior.

Ratifica la mala racha de la innovación española la nómina de candidatos al premio al Inventor Europeo del Año; este año no hay ningún investigador español entre los aspirantes al galardón, entregado por la EPO.

En una entrevista con Sabemos, Carles Puente, finalista a los premios al inventor del año en la pasada edición, ha destacado que el problema español no es con la ciencia. “Es un problema a la hora de hacer negocio con la innovación. Lo que denotan estos malos resultados es precisamente esta falta de encuentro entre negocio e innovación”, ha resumido Puente.

“No todas las empresas españolas confían en el sistema de patentes -ha explicado-, y eso se traduce en que España está muy abajo en el ranking mundial. En producción científica sí estamos en el lugar que nos corresponde, entre el puesto 9 y 10, pero estamos en el número 33 en patentes, lo que es un desastre”.

Este ingeniero, nominado por su patente sobre antenas para dispositivos móviles basadas en los modelos fractales, propone varias soluciones para mejorar la posición de España en el ranking. Una de ellas sería que se avanzara en el camino de la patente unitaria, que permitiría a las empresas españolas defender sus derechos de propiedad intelectual de forma coordinada y única en todos los mercados comunitarios.

Otro de los deseos en la lista de Carles tiene que ver con el funcionamiento de la Justicia. “Un sistema judicial ágil, eficaz, predictible, con tribunales especializados en patentes, ayudaría mucho y daría mucha confianza a los inversores para que apostaran por empresas tecnológicas”, ha concluido.

Las patentes españolas

El balance anual de la EPO coloca a España por detrás de socios comunitarios con un menor PIB como Suecia y Austria en cuanto a solicitudes de patentes. La comparación con otros países del continente es peor si se miden las peticiones por cada millón de habitantes: España, con 30 solicitudes, ocupa el vigésimo quinto lugar.

La única empresa entre las 50 con más patentes pedidas durante el año pasado con algo de español fue Airbus, fabricante aeronáutico europeo en el que el Estado controla el 4,12% de las acciones a través de la SEPI, la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales.

La Oficina Europea de Patentes recoge los datos relativos a la solicitud de estos certificados y desde 2006 organiza los premios al inventor del año. “Sobre todo es un reconocimiento muy relevante. Este tipo de premios son muy importantes para dar visibilidad a los investigadores, a los innovadores, a aquellos que estan haciendo desarrollos que vana tener impacto en el mercado”, ha afirmado Carles Puente.

El ingeniero español José Luis López Gómez recibió en 2013 el premio por votación popular al inventor europeo del año por su trabajo en Talgo; en concreto, por la patente EP 1826091 B1.

Su invención permite ajustar automáticamente las ruedas de los trenes de alta velocidad para que se mantengan en su punto óptimo de contacto con los raíles, lo que dota de mayor estabilidad -y confort- a los Talgo, a la vez que permite a los trenes viajar un 33% más rápido en las curvas, con total seguridad.

El ejemplo de estos dos inventores demuestra que la innovación española tiene mucho camino por recorrer, pero cuenta con el talento necesario para ir a toda máquina.

 

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