Las condolencias son inevitables y obligadas, pero de ahí no pasa. Entre 700 y 950 personas podrían haber muerto este pasado domingo como consecuencia del naufragio de un barco a 70 millas de las costas de Libia, a 160 de Malta y a 180 de Lampedusa. Se trata de la mayor tragedia relacionada con la inmigración en la historia del Mediterráneo.

“La última tragedia en el Mediterráneo nos recuerda a las claras la necesidad de adoptar medidas enérgicas para hacer frente a la creciente crisis migratoria”. Las palabras son del comisario europeo de Migración, Interior y Ciudadanía, Dimitris Avramopoulos, un hombre que sabe bien de lo que habla cuando se refiere a “medidas enérgicas” frente a la inmigración.

Como ministro griego de Defensa, cargo que había desempeñado hasta su entrada en la Comisión Europea en septiembre de 2014, él era uno de los hombres fuertes del ya extinto gobierno del conservador Andonis Samaras, del partido Nueva Democracia; el mismo Gobierno que en agosto de 2014 había impulsado un endurecimiento de la política inmigratoria que condujo a la detención de casi 80.000 personas en situación irregular en las calles del país; el mismo Gobierno que había propuesto la limitación del derecho de ciudadanía a los hijos de inmigrantes; y, en definitiva, el mismo Gobierno que había apoyado que sólo se permitiese el acceso a academias militares y policiales a los nacidos en Grecia, secundando con ello una propuesta de los neonazis de Amanecer Dorado.

En la madrugada del domingo, los guardacostas italianos recibieron una llamada de socorro en la que se les alertaba de que un barco con inmigrantes a bordo se encontraba en peligro. Ante la imposibilidad de que llegar a tiempo, la Guardia Costera pidió a un barco portugués que navegaba cerca de la zona que se desviara hasta el lugar, pero cuando el barco luso se acercó a la embarcación, los inmigrantes “se colocaron todos en el mismo lado de la nave y provocaron su hundimiento”. Las Marinas de Italia y de Malta trabajan en estos momentos en la búsqueda de supervivientes.

Italia cerró a finales de 2014 el operativo naval Mare Nostrum, que había permitido salvar más de 150.000 vidas

Tras la noticia de la tragedia (que se produjo justamente una semana después de la desaparición de otros 400 migrantes tras el naufragio de otra embarcación procedente de Libia), la Comisión Europea se mostró “profundamente desazonada” y advirtió de que “la Unión Europea tiene, en su conjunto, la obligación moral y humanitaria de actuar” de forma “enérgica” cuando “hay vidas humanas juego”. El presidente de la CE, Jean-Claude Juncker, encargó de inmediato al primer vicepresidente, Frans Timmermans; a la alta representante de Política Exterior, Federica Mogherini, y al citado Avramopoulos que trabajasen “muy estrechamente” en la preparación de “una agenda migratoria europea” y en la aplicación “inmediata y efectiva de todos los instrumentos existentes de la UE en estos momentos”. España también ha expresado su “consternación” y ha advertido de “la necesidad de un esfuerzo conjunto de la Unión Europea y de sus Estados miembros para abordar con un enfoque integrado y eficazmente el fenómeno de la inmigración”.

“Europa se comporta como Poncio Pilatos, se lava las manos”. Así ha reaccionado el alcalde de Palermo, Leoluca Orlando, en sus primeras declaraciones posteriores a la tragedia. Las diversas organizaciones humanitarias también lo habían avisado y, en estas horas, viven la amargura de confirmar lo certero de sus avisos.

Es el caso del director de Inmigración de Caritas, Oliviero Forti, quien había advertido este fin de semana, en declaraciones a la agencia misionera de noticias MISNA, contra los efectos de algunas medidas gubernamentales, con mención especial a la decisión del Gobierno italiano de poner fin, a finales de 2014, al operativo Mare Nostrum de búsqueda y rescate de migrantes en aguas internacionales. “El aumento de las muertes en el mar también es consecuencia de esta decisión”, lamentó.

Mare Nostrum se puso en marcha tras la muerte de 366 inmigrantes en Lampedusa en octubre de 2013. En un solo año, la Marina italiana pudo salvar, en el marco de este operativo, a más de 150.000 personas y detener a más de 350 traficantes, aunque no pudo evitar la muerte de más de 3.300 inmigrantes en el mismo periodo.

La misión europea Tritón está más orientada al control fronterizo que al salvamento

En octubre de 2014, el Ministerio italiano del Interior anunció el fin de la operación, en la que se habían invertido 114 millones de euros. Pocas fechas después, en noviembre, ocho países europeos (entre ellos Francia, España, Portugal y Malta) pusieron en marcha Tritón, un nuevo operativo naval confiado a la Frontex (el organismo europeo para la vigilancia de las fronteras) que, pese a la coincidencia de fechas, en principio no había nacido para reemplazar a Mare Nostrum. Con todo, la diferencia principal entre ambas misiones es clara: mientras que Mare Nostrum tenía funciones de salvamento y operaba, por ello, incluso en las costas de Libia, Tritón se centra en el control de las fronteras y actúa en las aguas territoriales europeas.

“La UE hace proclamas, asegura salvar a las personas que huyen de sus países, pero en realidad lo que hace es construir muros en Bulgaria, entre Grecia y Turquía”, declaró, por su parte, el director de Médicos Sin Fronteras en Italia, Loris De Filippi, a la agencia de noticias ANSA. “En octubre le pedimos a (el primer ministro italiano, Matteo) Renzi que la Unión Europea retomase en su conjunto la operación Mare Nostrum, que hubiera una Mare Nostrum europea; nos dieron todo tipo de garantías, pero la realidad es este goteo continuo diario”, denunció.


En octubre de 2014, la Oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), expresó su preocupación por el fin de Mare Nostrum “sin que se haya puesto en marcha un operativo similar a nivel europeo para la búsqueda y el salvamento”, lo cual, a juicio del portavoz de este organismo, podría repercutir en la muerte de “muchos más inmigrantes y refugiados en alta mar”.“El Mediterráneo se ha convertido en un cuello de botella, y éstas son las consecuencias”, denunció.

Los socios europeos llevaban tiempo presionando a Italia para que pusiera fin a Mare Nostrum, por considerar que favorecía la inmigración al “hacer más segura la travesía de los migrantes”, e incluso habían planteado la posibilidad de sancionar a Roma. Según Forti, de Caritas, los datos demuestran justo lo contrario: “en los primeros cuatro meses de 2015, el número de llegadas a Italia ha aumentado un 10 por ciento con respecto al mismo período del año pasado, lo que confirma que el fin de la misión no ha detenido a los traficantes, como afirmaban algunos”, aseguró a MISNA.

El mismo Renzi, el primer ministro del Gobierno que puso fin a la operación Mare Nostrum, se ha mostrado muy compungido tras la tragedia. En rueda de prensa, elogió este domingo “la labor que está realizando Italia en condiciones casi de abandono”, con el apoyo casi exclusivo de Malta, y condenó la falta de “un sentimiento de cercanía y solidaridad” por parte de la Unión Europea. Por ello, pidió el incremento de la ayuda comunitaria en la operación Tritón y una política orientada a “frenar la tensión que existe en Libia”, de donde procede “el 91 por ciento de los inmigrantes que llegan a Italia”.