A los periodistas se nos empiezan a terminar las hipérboles. Máximo histórico, otro récord, un nuevo boom… El turismo español vive un momento dulce, no hay duda, y a la prensa nos gusta destacar lo extraordinario cuando lo es, incluso cuando no lo es tanto. Pero en este caso la buena marcha del sector sí es excepcionalmente buena. Las alharacas mediáticas están justificadas.

La manifestación más populachera de este buen momento tan fuera de lo común, la que más se estila en los telediarios y en la prensa no especializada, es el aluvión de turistas extranjeros que vienen a España. A la gente le gusta que se llene el país de viajeros (es normal), es el parámetro más palpable para medir la marcha del turismo, el que mejor entiende el común de los ciudadanos. Y es el dato en el que los periodistas más nos empleamos en explotar el superlativo.

Las llegadas de turistas acumulan ya cinco años consecutivos al alza. En 2009 se tocó fondo después de tres años cayendo, en 2010 empezó a crecer, en 2011 comenzó a explotar, en 2012 se acercó a zona de máximos históricos… Pero fue en 2013 cuando se inició la senda de los récords (con 60,6 millones de turistas) y en 2014 cuando se alcanzó una cota auténticamente loca (con casi 65 millones de viajeros internacionales).

De récord en récord

Y ahora nos plantamos en 2015 y parece que el contador va a seguir echando humo. De momento, nadie se ha atrevido a dar una previsión para el conjunto del año. Pero todo el sector sabe que, si no sucede nada inesperado y realmente negativo (uno de esos cisnes negros que popularizó Nassim Nicholas Taleb y que debería ser muy negro, pero mucho), este ejercicio se cerrará con un nuevo récord. Así que tendremos un año histórico para el turismo. Sí, no se cansen, otro más.

Todo el sector sabe que, si no sucede nada inesperado y realmente negativo (uno de esos cisnes negros que popularizó Taleb y que debería ser muy negro, pero mucho), este ejercicio se cerrará con un nuevo récord

 

En los mentideros del sector (de momento sólo en voz baja, a la espera de que se confirme la buena Semana Santa y la marcha de las primeras reservas de temporada alta) se apunta que se cerrará el año casi con toda seguridad en el entorno de los 67 millones de llegadas. Y los más optimistas sueñan con rondar, si no superar incluso, la cota de los 70 millones. Y quizá no vayan muy desencaminados.

La primavera árabe de 2011 provocó una espantada de turistas europeos que dejaron de ir a los destinos del norte de África. Y muchos de ellos acabaron viniendo de vacaciones a España, por eso aquel año empezaron a crecer con fuerza las llegadas. Y desde entonces el aluvión no ha parado porque la estabilidad no ha vuelto a la región (a las revueltas populares le siguieron la guerra en Libia, el golpe de estado en Egipto…).

Este año, en cambio, parecía que el sector turístico egipcio empezaba a ver la luz y el número de turistas extranjeros empezaba a crecer. Pero el atentado de Túnez, en el que murieron 17 turistas, ha vuelto a hundir a los destinos norteafricanos y el resultado es que los touroperadores internacionales han inicio una ronda de contrataciones rápidas para volver a redirigir a los viajeros europeos hacia destinos europeos, singularmente Canarias. Y ésa es una de las razones por la que 2015, sí, volverá a ser histórico para el turismo nacional. Y por la que el récord parece asegurado.

Cuentas y cuentos 

Valorar la salud del turismo únicamente por el número de turistas que vienen no es lo más acertado. Es un indicador crucial, nadie lo duda. Pero, como decía aquel, lo que no son cuentas son cuentos. Y para las empresas del sector y para el país mismo lo más importante, claro, son los ingresos que ese aluvión de turistas dejan aquí. Un ejecutivo del sector lleva años poniéndome el mismo ejemplo: “A Carrefour no le importa el número de personas que entran en sus tiendas. Lo que le importa es qué compran y por cuánto lo compran”. Y tiene razón.

Curiosamente, el dato de los ingresos por turismo despierta menos atención en los medios de comunicación y genera menos alborozo entre la gente de a pie. Y eso que también se lleva tres años de récord. En 2014, los turistas extranjeros que vinieron a España dejaron aquí un total de 49.100 millones de euros.

Casi 50.000 millones que, a todos los efectos, podrían contabilizarse como una suerte de ingresos por exportaciones y que sirven por sí solos para enjugar todo el déficit comercial español. Casi 50.000 millones que superan, en algunos casos por mucho, lo que perciben la mayoría de los países que integran la OPEP por sus exportaciones de petróleo. Por si alguien dudaba que el turismo es el petróleo español. Casi 50.000 millones que según las previsiones de Exceltur, además, al cierre de 2015 se convertirán en más de 51.000 millones. Suma y sigue.

La mejor noticia para el sector, no obstante, es la recuperación del consumo del cliente español. La demanda del turista nacional, responsable de la mitad del negocio de todo el sector, ha empezado a resurgir. Ya lo hizo el año pasado, y las patronales del sector auguran que seguirá creciendo durante este ejercicio. Ésta es la gran noticia, éste el mejor de los datos. La recuperación de la demanda interna dará mayor estabilidad al sector, haciendo que se beneficien del boom también los subsectores (agencias de viajes, touroperadores, hoteles urbanos…) y los destinos que más dependen del cliente patrio.

Pero el boom del turismo continuará, y los periodistas seguirán (seguiremos) buscando hipérboles para contárselo. Aunque hay algunos aspectos no tan buenos que se diluyen con discreción y sin aplauso. Entre tanto jolgorio, el sector sí que acumula algún problema. Por lo pronto, está por ver que España consiga ser capaz, cuando vuelva la estabilidad al norte de África (sea cuando sea, y aunque parezca que largo se fía), de retener esa suerte de turismo prestado. Que la desgracia de los rivales vaya a ser más duradera de lo que anticipaba no fortalece nuestra posición. Al tiempo.