Rocambolesco, pero posiblemente cierto. Orange TV o TiVo, de Vodafone/Ono, podrían verse obligadas a albergar la marca comercial de su gran competidor si quieren tener acceso a contenidos premium.

Mientras se aproxima la fecha del 22 de abril para que Telefónica se haga definitivamente con Digital+, sus principales competidores recelan sobre las condiciones propuestas por la CNMC para que la compra se dé por buena. Las operadoras rivales consideran que una mala oferta mayorista contaminaría la competencia y no sólo en televisión, a medida que van calando entre los consumidores los productos integrados.

El último en alzar su voz contra el regulador y sus propuestas ha sido Orange. Nada, o casi nada, le parece bien. Su consideración inicial es que estas medidas harían “más grande al grande”, es decir Telefónica, y que sus competidores se verían abocados a dar contenidos televisivos de menor calidad. Asimismo, les perjudica especialmente un mecanismo de fijación de precios que perjudica a los operadores con menos clientes, como es su caso.

Pero sin duda, el punto más jocoso (no hay otra palabra para definirlo) es que se podría dar la circunstancia de que Orange o Vodafone tuvieran que utilizar la marca comercial de Movistar dentro de sus parrillas televisivas. Tal cual.

Es decir, junto a Calle 13 o Sportmanía, tendrían que anunciar en las marquesinas de los autobuses que el canal Movistar Series se podrá ver en Orange TV o en TiVo. Algo que desde la filial del grupo francés consideran un “sinsentido”.

Las objeciones a la CNMC

Ante esta situación, y otras que consideran peores aún, Orange ha elevado sus críticas ante lo que consideran un nuevo freno a la competencia. De esta manera, creen que la limitación de la oferta mayorista al 50% de los canales premium de Movistar no está justificada.

Se conformarían con elevar la cifra de canales al 75%, pero creen que el líder del mercado debería abrir el 100% de su contenido premium para que los demás players del mercado pudiesen replicar dicho contenido dentro de sus servicios. Además, consideran que se deben modificar las condiciones económicas relativas a eventos deportivos.

Asimismo, creen que la exclusividad para Telefónica de los productos considerados premium no debería ser de 3 años, puesto que carece de sentido en el sector audiovisual. En este caso, y tomando una postura razonable, estiman que 3 meses sería un plazo lógico para salvaguardar la exclusividad de dichos contenidos.

¿Competencia en televisión?

Sin dar ni quitar razones, la realidad que marca Orange viene fundamentada por el argumento de que sería imprescindible imponer un test que garantice la replicabilidad efectiva y real de las ofertas de Telefónica. Pero no solo eso. Además, desde la filial gala tienen miedo de que el incumbente trocee sus contenidos de tal manera que el 50% al que podrán acceder cunda menos. 

Fuentes de Telefónica consultadas por Sabemos han repetido en numerosas ocasiones que no ven el sentido en convertirse en proveedores de contenidos para otras empresas y se preguntan por qué éstas no han hecho la inversión correspondiente e insisten en que las compras de contenidos en exclusiva está al alcance de todos. Creen que su apuesta puede ser replicada pero que es mucho más sencillo para sus rivales subirse al carro de la regulación.

en casa del herrero, otra marca

Esta anomalía comercial que puede darse una vez se produzca la compra de Digital+ por parte de Telefónica, es algo que ocurre con cierta frecuencia. Es decir, empresas que de una u otra manera usan productos o servicios de la competencia.

Así, en los últimos 12 años, el 75% de los motores diesel que se han fabricado tanto en Ford como en PSA Peugeot-Citroën, fueron desarrollados en común mediante una joint-venture.

Ni que decir tiene la curiosa relación entre Samsung y Apple, proveedores de pantallas los primeros de los segundos para sus iPad, por ejemplo.

Quizá el asunto de los servicios de Movistar incluidos en la parrilla de Orange TV vaya un paso más allá, pero si finalmente la CNMC ve óptima la compra con el 50% de apertura, los naranjas tienen la opción de entramparse en recursos ante competencia y el regulador, o pasar por el ‘jocoso’ aro.