Convocantes y asistentes a la manifestación del 14 de abril en Madrid muestran su desencanto con la “ambigüedad” del partido de Pablo Iglesias. “Deben una explicación a la ciudadanía, no se puede ser republicano y monárquico a la vez”, señala el coordinador de Izquierda Unida, Cayo Lara.

Fue la gran ausencia de la tarde. Como cada 14 de abril, los republicanos madrileños recorrieron el centro de la capital para conmemorar el cambio de régimen de 1931 y exigir el fin de la Monarquía parlamentaria, pero esta vez el protagonismo se lo llevó un partido que no respaldó la protesta. Podemos, la gran esperanza de muchos para revisar de arriba abajo el sistema, se negó a participar en un acto que podría asociarles con colectivos radicales y lastrar su estrategia de transversalidad. Y eso no gustó a los más puristas de la causa.

Todo está estudiado en el partido de Pablo Iglesias, tal y como percibieron muchos de los presentes en la manifestación, en su mayoría simpatizantes de Podemos pero muy críticos con esta decisión. “Están terminados, desde luego mi voto ya lo han perdido, y mira que he seguido a Iglesias en La Tuerka miles de veces a las 3 de la mañana pero llevo luchando por la República desde el franquismo y para mí los principios están por encima de las tácticas”, se indignaba ante Sabemos Maite, una combativa jubilada que portaba camiseta de la marea verde. Para ella, “hacerse tan aséptico tiene consecuencias y una de ellas es que a mí ya me han perdido”.

La marea tricolor empezó su recorrido en Cibeles y lo concluyó en la Puerta del Sol. Un kilómetro escaso de andadura que encabezaron, entre otros, algunos de los políticos que sí apoyaron la iniciativa republicana. Entre ellos, el coordinador general de Izquierda Unida, Cayo Lara, el diputado de esta coalición José Luis Centella, el exeurodiputado Willy Meyer, o el portavoz de Equo, Juan López de Uralde.

Con el apoyo de Los Verdes y el PCE

Además, la convocatoria de la Junta Estatal Republicana (JER) y la Coordinadora Republicana de Madrid estuvo respaldada por Izquierda Republicana, Los Verdes, el Partido Comunista y las Juventudes Comunistas. Todo el espectro político a la izquierda del PSOE menos Podemos, que a esa misma hora daba una rueda de prensa en su sede de Plaza España, a un kilómetro de distancia, para explicar la disolución de parte de su lista electoral por La Rioja. Totalmente ajeno.

“Es deshonesto, no puedes engañar a la gente”, se queja Fran Pérez, portavoz de la Junta Estatal Republicana

 

“Ya el año pasado cuando la abdicación de Juan Carlos tampoco se sumaron a las protestas, salvo en Navarra, y eso que dicen apoyar un proceso constituyente republicano”, señala a Sabemos uno de los portavoces de la JER, Fran Pérez. Y continúa: “Personalmente me parece muy mal no mojarse, colocarse en esa ambigüedad ideológica porque les conviene, es hasta deshonesto, no puedes engañar a la gente”. ¿Nunca les han respaldado? “Como partido nunca, sí ha habido adhesiones personales y el año pasado estuvimos cerca de reunirnos con los dirigentes pero finalmente no se hizo”.

Ángel, un septuagenario que veía pasar la manifestación por la calle Alcalá bandera tricolor en mano, uno de los que lleva asistiendo a la cita anual “desde que se autorizó, porque antes lo que hacíamos eran cenas clandestinas”, también se mostraba decepcionado con Podemos: “Les tengo simpatía porque han fortalecido el discurso de la izquierda, pero muchas veces pienso que estamos ante un remedo del PSOE de 1982”. No obstante, duda si retirarles su apoyo, cree que “llegaron muy fuertes, con un discurso muy agresivo, pero cuando hacen estas cosas no lo acabas de ver…”

Mientras se extiende Ángel, pasa por allí otro manifestante de mediana edad que prefiere no dar su nombre. Escucha unos segundos y se indigna: “¿Que no han venido? Ellos sabrán, se podían haber apuntado un tanto, yo ya no les entiendo”.

La comitiva continúa su recorrido hasta Sol, precisamente el lugar donde empezó a gestarse el movimiento del 15-M que finalmente fue canalizado por el proyecto político de Iglesias. Allí nos atiende José Antonio, ecologista que ve “muchas cosas positivas en Podemos, aunque ni milito ni participo en los círculos”. Considera “un error que no se identifiquen con la República a las claras, aunque siempre digan que están a favor de un referéndum sobre la Monarquía”. Este activista se muestra desencantado con la gran mayoría de partidos, “desde el PCE, que firmó la Constitución, a IU que pacta con el PSOE cuando le conviene”. Un pragmatismo que cree ha heredado Podemos, si bien está convencido de que el debate sobre la forma de Gobierno “se abrirá tarde o temprano, quizá cuando los nuevos partidos se hagan mayoritarios”.

Críticas de Cayo Lara

Junto a la estatua del oso y el madroño se encuentra un grupo de jóvenes de 18 y 19 años. Se dicen “de Podemos” y comprenden decisión de su partido: “Si hubieran venido les hubieran sacado una foto junto a alguna bandera comunista, es una estrategia inteligente”. Además de ellos, otros militantes del partido de Iglesias de distritos como el de Fuencarral se acercaron a título personal. Nadie de la dirección, ni representación oficial del partido, que siguió trabajando con normalidad. Como declaró el día anterior Irene Montero, secretaria de Coordinación entre Áreas, ese es “el mejor homenaje” que pueden hacer a los que “han luchado por la democracia”.

Preguntado por la cuestión, Cayo Lara no pierde la ocasión de meter el dedo en la llaga: “deben una explicación a la sociedad española, porque no se puede ser monárquico y republicano, o se es una cosa o se es la otra, en la política hay que optar y hay que decidir”. ¿Anteponen la estrategia a los principios? “Los principios son para nosotros una cuestión vital, no vamos a renunciar a ellos por ningún puñado de votos, ellos tienen que explicar a la sociedad que es eso de no ser ni republicanos ni monárquicos, porque es difícil de entender”.

Tras matizar su propuesta de establecer una renta básica universal, dar marcha atrás en sus postulados antitaurinos o aplaudir al Papa en Bruselas, ahora Podemos continúa su viaje al centro con una calculada ambigüedad sobre la forma de gobierno que defienden. Los jirones que se van dejando entre su electorado más convencido -y eso que aún no se había producido el compadreo de Iglesias con Felipe VI en el Parlamento europeo- parecen ser un daño colateral que están dispuestos a asumir.