Los catedráticos Carlos Andradas, Rafael Calduch, Federico Morán y Dámaso García desarrollan una campaña electoral muy crítica contra el actual rector, que será evaluado en las urnas el 5 de mayo por la comunidad universitaria.

Hace 516 años por estas fechas se fundó la Universidad de Alcalá, germen de la actual Complutense, la institución en la que se formaron o fueron docentes siete de los ocho premios Nobel españoles. Por allí han pasado algunas de las más grandes figuras de la cultura y la política nacional de los últimos tiempos, de Antonio Machado a Gregorio Marañón, de Ortega y Gasset a Mario Vargas Llosa, de Jovellanos a la Reina Letizia. Y sin embargo, el que un día fue centro de intelectualidad de referencia, irradia de un tiempo a esta parte cierto aroma a deterioro, desprestigio y colapso generalizado.

José Carrillo, hijo del histórico dirigente comunista Santiago Carrillo, ganó por sorpresa las elecciones a rector de 2011 y el 5 de mayo se presentará a la reelección, tras cuatro años de enfrentamiento con Moncloa y con el Gobierno regional, protestas estudiantiles, recorte progresivo de la financiación, subida de tasas y críticas que le llueven por los cuatro costados. ¿Es un todos contra Carrillo? “Si no fuese así querría decir que soy un rector desahuciado, ahora hay un rector que se presenta de nuevo y es normal que el resto de candidatos se presente criticando la gestión, aunque no dan un solo dato y faltan a la verdad de forma continuada, echo en falta el debate académico y me sobran descalificaciones”.

El número uno de la universidad presencial más grande de España recibe a Sabemos en el solemne edificio del rectorado, uno de esos que destila Historia en cada rincón, que recuerda al invitado dónde está. Desde los versallescos sofás de su despacho narra la caótica situación que heredó de Carlos Berzosa y defiende su labor: “en 2011 había 151 millones de deuda, que ahora se ha rebajado a 87; pagábamos facturas a 18 meses y ahora a ocho o nueve, en la Fundación General pagábamos a nueve meses y ahora a dos semanas, mantenemos el mismo número de alumnos a pesar de haber pasado de licenciaturas de cinco años a grados de cuatro, no es verdad que la situación vaya de mal en peor”.

¿En el peor momento desde la Transición?

El catedrático de Relaciones Internacionales Rafael Calduch, que aspira a sucederle, tiene otra opinión. No duda en afirmar que la Complutense, donde lleva 40 años, está “en el peor momento desde la llegada de la democracia”. Se ha deteriorado “mucho la situación, no solo por falta de financiación, sino porque los dos últimos rectores han politizado demasiado la institución, la caída de alumnos comenzó en 2005, años antes de que empezaran los recortes presupuestarios”, razona. Calduch percibe que “la mayoría quiere un cambio profundo y no va a venir del actual rector, que ha tenido cuatro años para hacerlo y no lo ha hecho, ni siquiera ha cambiado los estatutos para adaptarlos a la nueva ley”.

“Carrillo mandó a la Policía a disolver una protesta y hubo 53 detenidos, es un oportunista”, critican los movimientos estudiantiles

¿Qué opina Carrillo sobre esa presunta politización? Se le acusa de connivencia con los grupos de estudiantes más radicalizados, los que fueron el embrión de Podemos en la Facultad de Ciencias Políticas, y ante eso se revuelve: “La última vez que los vi me tiraron una piel de plátano”. También niega esta asociación Carlos Fonseca, alumno de cuarto de Veterinaria muy implicado en el movimiento estudiantil: “Me sorprende que se diga esto, a Carrillo le hemos visto como un oportunista traicionero, alguien de quien se esperaba una cosa y ha hecho otra, que siendo presuntamente de izquierdas mandó a la Policía a disolver una concentración y todo terminó con 53 detenidos. Y eso es solo un ejemplo. No, no hay ninguna sintonía con él”. Fonseca culpa a determinados medios de presentarle como “el Stalin de la Complutense” sin conocer la realidad.

El rector, afiliado al PSOE y miembro de Comisiones Obreras, no cree que “protestar contra decisiones injustas de la administración, que se ha cebado especialmente contra esta universidad” sea hacer política. Tampoco le parece criticable que el año pasado nombrara a Pablo Iglesias profesor honorífico y asegura que no se ha dado orden alguna de ralentizar la instrucción del expediente abierto a Juan Carlos Monedero. “Yo no intervengo en ningún sentido y lo que es inaceptable es que el presidente de la Comunidad pida celeridad en el caso, como si a él le incumbiera”, zanja.

La pinza contra el actual rector la completan Carlos Andradas -quien “ya se presentó en 2011 y perdió”, como recuerda Carrillo-, exvicerrector en los dos mandatos de Berzosa; Federico Morán, exdirector general de Universidades en el Ministerio de Wert; y Dámaso López, catedrático de Filología Inglesa, que fue el último en unirse a la batalla. Se animó, explica, porque tiene “diferencias fundamentales con el resto” y ve como un imperativo moral presentarse ante la falta de proyectos sugerentes, “los incumplimientos flagrantes” de Carrillo y el deterioro en “la percepción pública” de la universidad. Entre sus propuestas, apostar por la transparencia -“hay cifras contradictorias y confusas, ni siquiera se sabe con exactitud a cuánto asciende la deuda”-, diálogo –“una gestión nunca debe ser sectaria”– y compensar la subida de las tasas con un plan de becas asociado “al rendimiento académico y a las necesidades económicas” del alumno.

Esfuerzos por despojarse de las tutelas

Andradas, por su parte, presenta su experiencia en el rectorado como un aval y se muestra orgulloso de haber liderado “el proyecto de Campus de Excelencia”. Percibe “cierto cansancio de que la política tenga excesivo protagonismo en el día a día de la universidad”, pide “evitar que haya sectores que no dejen hablar a otros sectores” y recuperar “la docencia y la investigación” como principales elementos a potenciar. “Desgraciadamente en los últimos tiempos no ha sido así”.

También él niega que Carrillo tenga el apoyo de los estudiantes más ideologizados y movilizados -en estos comicios no suele votar más del 15% del alumnado- y cree que “se están dando por supuesto cosas que no son”. Como Dámaso García, se muestra sensibilizado con la subida de tasas y promete paliarla con un millón de euros para los más necesitados: “Ningún alumno debe quedarse fuera de la Complutense por razones económicas”.

Y si Andradas lucha por quitarse la etiqueta de delfín de Berzosa, Morán hace lo propio con el sambenito de candidato oficialista que le han colgado, al haber sido alto cargo en Educación. “Yo reivindico mi independencia, no estoy al dictado de nadie, he estado en el Gobierno desempeñando un papel técnico y no estoy afiliado a ningún partido, al contrario que varios de mis rivales”, declara en conversación con este diario. De hecho, asegura que su papel en el Ministerio permitió salvar económicamente a la Complutense gracias a que el Plan de Pago a Proveedores incluyó a las universidades: “el rector se pone la medalla pero no creo que sea el responsable de que todas las universidades de España fueran incluidas, si Hacienda lo hizo fue gracias a nosotros”.

“Reivindico mi independencia, no estoy al dictado de nadie”, proclama el exalto cargo de Wert, Federico Morán

Morán valora que con Carrillo se haya dejado de “gastar más de lo que se tiene” pero es implacable en lo demás: “los centros han sido abandonados y la imagen más clara de eso fue el escándalo del año pasado con los cadáveres que aparecieron amontonados en Medicina”. Promete mejorar eso e insuflar ánimo en el profesorado y en el personal, a quienes ve afectados por la mala gestión del equipo directivo. Además, apostará por “la convivencia” frente a la actitud del actual rector, que “se apoya en los próximos a Podemos, partido que surge en connivencia con la universidad, a quienes va a utilizar electoralmente”.

Los esfuerzos dialécticos van dirigidos fundamentalmente a conquistar el apoyo de los doctores, que en el sistema de voto ponderado tienen el 51% del peso, mientras los estudiantes ostentan el 25% y el resto del personal (docente e investigador y de administración y servicios) se reparte el otro 24%. Las declaraciones cruzadas continuarán hasta el 13 de mayo, fecha en que se celebrará la segunda vuelta entre los dos candidatos que más apoyos obtengan el día 5, toda vez que parece improbable que la contienda se resuelva a la primera. Mientras tanto, más de 80.000 alumnos y casi 6.000 profesores -y algún que otro agente político y social extrauniversitario- permanecen a la espera de la resolución definitiva, que llegará tras esos abiertos comicios que honran el eslogan complutense: Libertas Perfundet Omnia Luce (“La libertad ilumina todas las cosas”).