La formación de Pablo Iglesias reúne a 300 personas en una iglesia de Vallecas para filosofar sobre el sentido de la vida y buscar aplicaciones prácticas al misticismo. El ideólogo del partido, Juan Carlos Monedero, protagoniza con chistes y cánticos una de las mesas redondas.

En pocos sitios de España se siente Podemos más cómodo que en Vallecas. Allí dio el campanazo en las Europeas rondando el 15% del voto, allí tiene una presencia continua en el día a día del vecindario y allí cuenta con el apoyo hasta de los curas, que le prestaron la parroquia Santo Tomás de Villanueva para desarrollar el sábado su I Encuentro de Espiritualidad. No conviene dejarse llevar por lo estrafalario o poco sugerente del título: 300 personas participaron en la iniciativa, de 9h a 21h, en jornada primaveral. Las colas que los más rezagados hacían para inscribirse a última hora llegaban a la calle, con la actriz Isabel Ordaz -celebérrima ‘Hierbas’ de Aquí no hay quien viva– como gran estrella, y son toda una metáfora del interés que ha despertado el abrazo de Podemos al misticismo.

“Me gustan las vivencias del grupo, las actividades que realiza el círculo, en el que estoy metido de lleno, el partido en sí es secundario”, declaraba a este diario José Luis Alcalde, dominico fundador de la parroquia, que tuvo que abandonar la primera fila del encuentro un poco antes de que concluyera precisamente porque tenía una misa. La de enemigo del clero y la religión es una etiqueta de la que Podemos quiere desprenderse, en ese camino hacia la transversalidad que está recorriendo. No se puede ser partido de Gobierno en un país donde el 70% de los ciudadanos se declara católico mostrándose combativo con ellos. Por eso Pablo Iglesias aplaude al Papa en el Parlamento europeo, por eso se alientan estas iniciativas -en el caso del sábado mandando a Juan Carlos Monedero a la mesa redonda de la tarde- y por eso se incluye en su Consejo Ciudadano Estatal a Luis Ángel Aguilar -alma del círculo espiritual junto a José Antonio Vázquez, el monje que colgó el hábito en otoño para unirse a la causa de Iglesias-.

La actriz Isabel Ordaz, célebre por sus papeles en ‘Aquí no hay quien viva’ y ‘La que se avecina’, participó activamente en la jornada

Al comienzo, el auditorio fue emplazado a cerrar los ojos y dejarse llevar por el sonido de los cuencos tibetanos manejados en semioscuridad por una iniciada. A los diez minutos se dio por conseguida la calma interior que se buscaba antes de empezar escuchar a los variopintos ponentes reunidos para la ocasión. Todos ellos debían responder a la pregunta ¿Qué aporta la Espiritualidad a la construcción de una sociedad plenamente laica, justa y democrática? Llegados a este punto, ninguno podía refugiarse en la convencionalidad, daba la impresión de que debían justificar con profundos introitos su presencia en tan magno evento, cada uno adoptando un tono de voz más trascendental que el anterior. El teólogo José Arregui, cuyo enfrentamiento con el obispo de San Sebastián, José Ignacio Munilla, acabó con su licencia canónica, cierra los ojos para escuchar a todo el mundo, en busca de una concentración quizá merecedora de otros discursos.

De “experienciar” a hacer yoga

Así, Emilio Carrillo decidió ampliar el léxico castellano. Él no cree en Dios, sino que lo “experiencia”. Y conjuga con insistencia tal verbo inexistente con la misma convicción con que narra la intermediación de “la Providencia” para permitirle acudir al encuentro. Después su filosofía mística deriva por derroteros irreproducibles, que sin embargo nunca alcanzarán el paroxismo de Emma Martínez Ocaña, laica teresiana que tuvo un sueño el día que le dijeron que sería ponente en el evento. Se le apareció “una sociedad nueva, que toma consciencia lúcida de la realidad que somos, de la profunda unidad que nos caracteriza, que espera un nuevo amanecer”.

Acto seguido llega la aportación definitiva, obra del profesor de yoga Gopala: “El elemento sustancial de la vida es el silencio”. Pero no hay aplicación práctica de la misma, sino una presentación de la politóloga iraní Nazanín Armanian, que critica la doble vara de medir de Occidente, cuyos lamentos por una decena de asesinados por terroristas no se reproducen con los decenas de miles de hambrientos que perecen a diario. Carga contra los totalitarismos religiosos y proclama que el “círculo de espiritualidad progresista es más necesario que nunca” como elemento de combate de esos regímenes. Los aplausos que recibe son muestra de que no hay rastro de escepticismo acerca de la capacidad de convicción que estas iniciativas puedan ejercer sobre, por ejemplo, los alumnos más aventajados del Estado Islámico.

El anglicano Juan Larios hace una crítica preventiva del relato que los medios harán del encuentro -una “visión dañina” que no le hace justicia- y Margarita Pintos y Luis Ángel Aguilar ponen pragmatismo en el mar de vacuidad ascética, para concluir que todas las divagaciones se canalizan en varias propuestas que a su vez se resumen en una: acabar con los privilegios de la Iglesia católica. Nos llama la atención la poca originalidad de la cuestión, demasiada alforja para tan corto viaje, y por ello inquirimos a los portavoces del círculo, el exfraile Vázquez y la joven Estefanía Fernández. “Se trata de que todos seamos iguales, que todas las sensibilidades sean igual tratadas y lo pedimos creyentes de la Iglesia católica, aplicando algo que la propia Iglesia acordó en el Concilio Vaticano II: que ella misma debe luchar contra cualquier privilegio que tenga”, argumenta Vázquez. Fernández asiente: “Ganaríamos en libertad, en derechos, hay que superar esos privilegios por mucho que siempre hayan existido”.

Monedero canta a Serrat

Pero todo esto no es más que el aperitivo, es evidente. El plato fuerte es ver a Monedero en medio de la cosa, cerrando la mesa de la tarde. Entre medias, danzas, tai chi, yoga, meditaciones en silencio y el almuerzo. La organización facilita bonos para un restaurante chino y otro más castizo por si alguien se queda con hambre después de degustar la comida senegalesa y el té marroquí que se vende en los puestos del patio, justo al lado de variada literatura espiritual. Ordaz pica y compra un libro, que empieza a leer en cuanto vuelve a su asiento.

Monedero, en la iglesia vallecana

Y llegan las cámaras de televisión y la expectación por ver al ideólogo de Podemos, al que estratégicamente reservan el último turno de palabra. No vaya a ser que alguien se fuera antes de que terminara el acto. Se sucede otra decena de intervenciones de cariz similar al de la mañana pero con los toques exóticos del Lama Rinchen y la escritora sufí Marta Mardía, que hace una confesión demoledora: “No sé muy bien que hago aquí, mi maestro no me permite hablar de política”. El hilo conductor de toda la jornada es la aseveración de que la espiritualidad es fundamental hoy en día, que no es patrimonio de ninguna ideología y que -esta es la parte que más dudas siembra- la sociedad está siendo cada vez más consciente de ello, caminando paulatina e inexorablemente hacia su realización definitiva.

Monedero no está hecho para reflexiones buenistas y profundas, es evidente. En su turno cuenta chistes, canta a Serrat -“mi soliloquio es plática con ese buen amigo que me enseñó el secreto de la filantropía”- e impregna su discurso del clásico tono incisivo que se le conoce, aderezado con citas a algunos de sus autores de cabecera. El público se ríe con ganas, agradece la distensión y parece celebrar el paso de las sesudas cavilaciones ascéticas a las convencionales consignas ideológicas. “No soy creyente en un Dios, pero me he sentido bien con creyentes progresistas, mucho mejor que con socialistas conservadores” cuela en medio de su crítica a la clase política -“allí está la mayor proporción de toxicidad por metro cuadrado que existe”- y su explicación de lo que constituye “el corazón de Podemos”: “aprender, divertirnos y transformar”.

El tono distendido del profesor casi ha borrado las horas de meditación previa y la certidumbre de que el mundo camina en el sentido en que los místicos han dicho. El mazazo definitivo llegará cuando, al salir de la iglesia, se compruebe que los vallecanos solo están preocupados por coger sitio en el bar para ver el Celta-Rayo.