Oh, Dios Mío, ¡han matado a Kenny! Después de 18 temporadas como serie de televisión, revisamos el videojuego oficial de South Park. Un producto tan gamberro y atrevido como aquel en el que se basa. Quienes empezamos a verlo como jóvenes adultos y hoy peinamos canas, seguimos sorprendidos no sólo de su larga vida, sino también de su vitalidad. Hemos crecido con ella pero, en muchos aspectos, no hemos madurado.

1999. Una chavala con la que había empezado a salir viaja a Londres para visitar a su prima. Al volver me dice “Hemos estado viendo South Park, una serie de dibujos animados con la que no podíamos parar de reírnos aunque no entendía la mitad de lo que decían. Había un niño al que mataban en todos los capítulos y otro gordo que era más malo que el demonio, y soltaban una auténtica salvajada tras otra. En serio, tienes que verla”.

2000. Estrenan la serie en Antena 3, a horas intempestivas, y doy gracias al progreso tecnológico por los VHS con programador para grabar. El primer capítulo, Cartman tiene una sonda anal, me deja boquiabierto, y totalmente convencido de que esa serie tengo que verla. Ese mismo año estrenaron la película, Más Grande, Más Largo y Sin Cortes. La vimos en Kinépolis y la sala estaba plagada de padres con niños pequeños esperando ver una película de dibujos animados infantil. Al igual que ocurría en la película, al poco de empezar la proyección y tras la avalancha de tacos que cantaban Terrance y Phillip, media sala se levanta y se va.

Marzo de 2015. Dieciséis años más tarde, aquella chavala que me hizo fijarme en la serie ya no es mi novia, ahora es mi mujer. Y por mi cumpleaños, entre otras cosas, me ha regalado la edición para PS3 del juego South Park: La Vara de la Verdad. Parece que la chica me escucha y todo. No es difícil, llevo enganchado a esta serie 18 temporadas y no paro de hacer proselitismo hacia ella desde el principio. Pero mucho más últimamente. En serio, ¿no habéis visto las últimas temporadas? No sabéis lo que os estáis perdiendo.

South Park: La Vara de la Verdad es un juego de rol basado en los episodios finales de la temporada 17, Canción de Culo y Fuego. Los niños del pueblo están jugando a un juego de rol en vivo que en la serie de TV se basa en la Canción de Hielo y Fuego de G.R.R. Martin y en el videojuego, en una ambientación de fantasía más genérica con constantes referencias a la serie, siendo la historia lo de menos. Termina por ser un Trivial sobre quién sabe más de South Park.

Una semana me ha durado el juego en cuestión. Algo más de 15 horas en las que este fan irredento de la obra de Trey Parker y Matt Stone ha disfrutado como un gorrino en un lodazal. Y es que su mayor virtud es quizás su mayor problema: es un constante guiño a los 18 años de la serie. En la tienda de armas de Jimbo, el tío de Stan, aparece Culosucio, el monstruo que aparece en el tercer capítulo de la primera temporada cuya pierna izquierda es Ricky Martin (tres hurras por el traductor, en la versión original es Patrick Duffy, el actor que hacía de Bobby Ewing en Dallas). Las sondas anales alienígenas del mencionado primer episodio de la serie son una parte fundamental de la mecánica del juego y nos dotan de la habilidad de teletransportarnos. Podemos tomar en los combates Aumento 4000, el suplemento para culturistas que aparecía en el episodio 1×02. Nos encontramos con Damien y con el Señor Mojón. En la clínica de rinoplastia podemos cambiar la cara del Niño Nuevo, el personaje con el que jugamos, por la de David Hasselhoff, como hizo el Señor Garrison en la primera temporada. Hay que combatir a los gnomos ladrones de calzoncillos. Aparece el muñeco hinchable de Antonio Banderas, los Chinpokomon, el ruido marrón, los monos marinos, el traje de AWESOM-O, los niños pelirrojos, Tom Cruise dentro del armario, Al Gore y el HombreOsoCerdo. Y el Señor Esclavo, y el Señor Sombrero, y… y te puedes pasar horas citando referencias.

No es ningún tipo de desafío a nivel de juego, la verdad. Explorar el pueblo es muy sencillo, la mecánica del combate (por turnos, a lo Heroes Of Might And Magic) es fácil y, más allá de algún puzzle que te tienes que pensar un par de veces o algún combate que hay que repetir hasta que le pillas el punto (como el de Al Gore, un político que es pesado hasta para derrotarlo en un videojuego), pero para los fans de los dibujos es una sonrisa permanente, llegando a escandalizar en algún momento. Sirva de ejemplo este diálogo vivido en mi casa, entre la Socia y yo:

-¿Qué haces?

-Aquí, dándole un rato al South Park.

-¿Qué es ese bicho con el que te estás pegando?

-El feto abortado gigante nazi zombi de Chloe Kardashian.

(Silencio)

(Más silencio)

-Vale. No se me ocurre nada que decir al respecto.

Lo mejor de todo es que no era ni de lejos la escena más ofensiva, ni la más pasada de vueltas, ni la más animal.

Y ya que mencionamos animaladas… Sí, es cierta la historia de que el juego viene mutilado a Europa. O censurado. O como lo quieras decir. Dos escenas no han pasado el filtro de la UE. De todos modos, tampoco os preocupéis demasiado. Un texto nos explica en cada momento lo que ocurre en la escena que por nuestro bien no nos han permitido ver.

Y luego está Canadá. Oh, Canadá. ¿Has estado en Terranova? No encontrarás mejor sodomía en todo Canadá.

¿Es un juego recomendable, entonces? Pues, para ser sincero, no hay medias tintas. Si sigues la serie, sin duda. De hecho, a mí me ha sacado unas enormes ganas de hacerme un revisionado de capítulos selectos. Pero si nunca te has acercado a este pueblecito de Colorado, ésta no es ni de lejos la mejor primera visita que puedes hacer.

Y si cuando llegues al final del juego y oigas el nombre del Niño Nuevo no acabas retorcido de la risa por el suelo, o no tienes sentido del humor o hay algún que otro juego que tienes pendiente de jugar. O puede que ambas.