Cuatro incondicionales de Rosa Díez acompañan a la portavoz y a Andrés Herzog en el rediseño de la estrategia del partido, que atraviesa el peor momento en sus ocho años de historia. La fuga de afiliados y candidatos ha multiplicado los recelos y ninguna decisión se toma fuera del ‘búnker’ que capitanea la fundadora.

Carlos Martínez Gorriarán, Juan Luis Fabo, Paco Pimentel y Elvira García Piñeiro. Son los resistentes de la desbandada, la ‘guardia de corps’ que acompaña en estos días difíciles a Rosa Díez y Andrés Herzog al frente de Unión Progreso y Democracia (UPyD), el partido que más caro está pagando la convulsión sociopolítica que vive la España de 2015. El año que iba a acabar con el bipartidismo ha empezado poniendo al borde de la desaparición al primer partido que surgió y se consolidó precisamente como alternativa a la sempiterna hegemonía de PP y PSOE.

El sinfín de dimisiones y expulsiones en la formación magenta hace días que se hizo imposible de seguir. En Asturias, Castilla y León, Andalucía y Galicia son gestoras las que están al frente, ante la descomposición de los correspondientes Consejos Territoriales. Tres de los cinco diputados nacionales, Toni Cantó, Álvaro Anchuelo e Irene Lozano, han dejado claras sus diferencias de criterio con la fundadora y portavoz. El primero, renunciando al acta y a ser candidato en Valencia; Anchuelo, abandonando la dirección; Lozano, dejando también su puesto orgánico y postulándose como alternativa a Díez en el próximo congreso. Tres eurodiputados –Francisco Sosa Wagner, Enrique Calvet y Fernando Maura– abandonaron en diferentes circunstancias el grupo magenta, todos ellos, eso sí, tras profundas desavenencias con la dirección. El parlamentario asturiano, Ignacio Prendes, inició por su cuenta las negociaciones con Ciudadanos y se perfila como candidato de este partido en las elecciones de mayo. El mismo camino parece que seguirán los hasta ahora carteles magentas para las autonómicas en Baleares y Aragón, así como los candidatos para las tres capitales aragonesas, León, Burgos y Sevilla, y también cientos de militantes de base.

Este insoportable proceso de combustión interna, que para más inri se está desarrollando por goteo, lamina la moral de los que deciden quedarse, ya sea por convencimiento, por lealtad personal a la dirección o por romanticismo heroico. Ante la constatación de que muchos integrantes del partido llevaban semanas trabajando a dos bandas, preparando su aterrizaje en el partido de Albert Rivera, los recelos se han multiplicado y la participación en la toma de decisiones se ha reducido a ese núcleo de incondicionales antedicho, tal y como narran fuentes muy próximas a la dirección. En el búnker destaca la figura de Gorriarán, persona de la máxima confianza de la líder, uno de los que procede del movimiento ¡Basta Ya! -a la sazón germen de UPyD- curtido en la lucha contra ETA y en cuyo léxico no aparece la palabra resignación. Además de diputado por Madrid, es número dos del partido (responsable de Programa y Acción Política). “Es un intelectual, que hubiera gozado de tal reconocimiento si no hubiera cometido el error de bajar a la arena política y mojarse hasta el punto de fundar un partido para mejorar la vida de sus conciudadanos en el momento en el que el país estaba sumido en una crisis bestial. Esto es lo que cabría haber pedido al resto de intelectuales”, asegura Jesús Patiño, jefe de Gabinete de UPyD en la Asamblea de Madrid y director de la campaña electoral. 

Díez mantiene un amplio nivel de autonomía y no consultó con nadie al convocar la rueda de prensa posterior a las elecciones andaluzas

Juan Luis Fabo es el cuarto en discordia. Responsable de Organización a nivel nacional y diputado en la Asamblea de Madrid, ha permanecido en segundo plano desde la fundación de la Plataforma Pro -paso previo a la creación del partido-, pero no ha menguado un ápice su influencia. Fabo es una de las voces más autorizadas en UPyD, uno de los más respetados y uno de los que más influencia ejerce en la toma de decisiones. De él -también integrante de ¡Basta Ya! y exmiembro del PSE- no se recelaría en ningún caso, es la sombra de Díez y Herzog en el proceso de renovación con el que intentan salvar el proyecto que en noviembre cumpliría ocho años.

Caso similar es el de Paco Pimentel y Elvira García Piñeiro, también miembros fundadores y pesos pesados del Consejo de Dirección. Ya el año pasado apenas un 20% de las 127 personas que lanzaron UPyD seguía vinculado al partido. Porcentaje que ha menguado en las últimas semanas, hasta prácticamente quedarse en poco más de este grupo de resilientes al que acompaña, eso sí, “la gran mayoría de afiliados, que nos quedamos” pese a los intentos de los que se han ido de “dinamitar el partido arrastrando con ellos el aparato organizativo y a sus cuadros”, según Patiño. Pimentel y Piñeiro -responsable de Acción Electoral y vocal de Expansión Territorial, respectivamente- cierran ese selecto círculo de confianza que, sin embargo, no termina de influir decisivamente en el quehacer diario de Rosa Díez.

La rueda de prensa del día después de las elecciones andaluzas, sin ir más lejos, fue convocada de forma unilateral, sin informar del motivo a nadie, ni siquiera a la jefa de prensa del grupo parlamentario, relatan fuentes conocedoras del caso. El partido afrontó la comparecencia de Díez en vilo, nadie sabía si iba a dimitir o no. No lo hizo, luego llegó el Consejo Político extraordinario del 28 de marzo y la portavoz salvó la ‘cuestión de confianza’ interna gracias a la promesa de convocar un congreso tras las elecciones de mayo para repensar el futuro del proyecto. Cuesta encontrar alguien en UPyD que crea que Díez se presentará a la reelección en ese cónclave, para el que ya se ha postulado Irene Lozano. Máxime después del ascenso de Andrés Herzog, el artífice de la querella contra Bankia que la formación presenta como emblema de su compromiso con la regeneración. El nombramiento del abogado donostiarra como portavoz adjunto ha sido leído como una designación oficiosa de delfín de la fundadora. Solo una de las voces consultadas, muy cercana a los manejos internos de los magenta, considera posible que el movimiento se deba más a un intento de Díez de protegerse utilizando a Herzog como paraguas, teniéndole hasta el congreso como cara visible y, una vez quemado tras la previsible debacle electoral, presentarse de nuevo como candidata a dirigir UPyD. Maquiavélica operación que ni contemplan cargos orgánicos y públicos del partido.

El papel de los intelectuales

En la desbandada que se desató tras las elecciones andaluzas no ha formado parte, sin embargo, el grueso de intelectuales que a lo largo de estos años ha respaldado con más o menos entusiasmo a Rosa Díez. Fernando Savater, el más comprometido de todos, quedó en segundo plano mucho antes de que estallara esta situación y por motivos ajenos a la política, aunque sigue sin desvincularse. De hecho, desde el partido aseguran que “nunca dejará a Rosa, es del grupo de vascos que inició la aventura y estará hasta el final, aunque no se deje ver”. El Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa volvió a apoyar a UPyD en las europeas del año pasado -cuando ya se multiplicaban las presiones para que Díez y Rivera se entendieran-, si bien lleva meses sin manifestarse. Los también escritores Álvaro Pombo y Fernando Iwasaki sí están comprometidos al 100% y de hecho forman parte de las listas a la Comunidad y al Ayuntamiento de Madrid. Otros, como Félix de Azúa, José Antonio Marina o Andrés Trapiello, mostraron el sábado en El País su lamento por la crisis del partido al que apoyaron, sin romper amarras. Rafael Calduch, catedrático de Relaciones Internacionales y número cinco en la lista al Congreso por Madrid en 2011, también sigue en el barco, aunque ahora toda su atención esté en las elecciones a Rector de la Universidad Complutense, en las que aspira a desbancar a José Carrillo.

Los candidatos a los comicios locales tratan de abstraerse y no caer en el desánimo tras la espantada de cientos de afiliados 

Junto a estos intelectuales y a la ‘guardia de corps’ del tándem Díez-Herzog, resisten la mayoría de los afiliados de base y de los candidatos de las municipales, que se lamentan de que solo las fugas tengan eco en los medios de comunicación. El diputado vasco Gorka Maneiro, las eurodiputadas Maite Pagazaurtundúa y Beatriz Becerra y los cabezas de cartel madrileños, Ramón Marcos y David Ortega, son los máximos representantes de este grupo, que intenta abstraerse del ruido mediático y de la crisis interna para salvar los muebles el 24-M. Javier Cerrajero, cabeza de lista en Ávila –lugar donde mejores resultados obtuvo UPyD en 2011, igualando al PSOE en número de concejales- reconoce estar centrado “solo en la ciudad, en lo que hemos hecho aquí en estos cuatro años, que es mucho, y en la elaboración del nuevo programa”. Respecto a la fuga de apoyos, asevera que en la capital castellana “recibimos más altas que bajas en las últimas semanas, estamos totalmente abstraídos de lo que ocurre en Madrid y en el resto de España”. No obstante, también él y su equipo defienden un “cambio de rumbo” en la dirección del partido, explorar la “convergencia” con Ciudadanos -algo que reivindicaron “desde siempre, no solo tras las andaluzas”- y apostar por un nuevo liderazgo.

Toda la ilusión mantiene también el concejal madrileño y candidato a la Alcaldía, David Ortega. “Desde 2011 estamos trabajando por Madrid, despertando un Ayuntamiento que estaba adormilado tras más de dos décadas de mayoría absoluta del PP. Hemos hablado de lo que nadie hablaba, y hemos hecho lo que nadie ha hecho, como devolver las llaves de los  coches oficiales, renunciar a tener todos los asesores que ponían a nuestra disposición, e incluso devolver dinero a la Administración”, recuerda Ortega. Para él, el bagaje de lo ya realizado y la perseverancia de los militantes y afiliados es la garantía de que al final logrará “un buen resultado”. “Lo mejor de UPyD es la gente que se levanta a las seis de la mañana para repartir octavillas aunque queden meses para las elecciones. O que va y vuelve en un día a las elecciones andaluzas para hacer de interventor. Eso lo teníamos en 2011 y lo seguimos teniendo en 2015”, asegura.  

Esta actitud inasequible al desaliento, compartida por los últimos de UPyD, es la postrera esperanza a la que se agarra un partido que se negó a escuchar los cantos de sirena de crear una alianza a lo Convergencia i Unió con Ciudadanos cuando el partido de Rivera no era más que un esbozo voluntarista de partido estatal y que ahora está comprobando cómo el sueño de la razón produce monstruos. Las paradojas de la política, que son las de la vida, han querido que los partidos emergentes que pretenden el gran sorpasso frente a los mayoritarios comiencen su andadura dejando al borde del KO a los minoritarios.