El bipartidismo mantiene el control sobre el Parlamento de Andalucía con más del 87% de los escaños. Un sólido resultado del PSOE, al que hay que sumar la pujanza de Podemos y Ciudadanos, provoca resultados dramáticos para PP y a IU, grandes perdedores de los comicios.

En los últimos meses hemos escuchado y leído mil opiniones sobre la colisión inminente entre una vieja política y una nueva política. En ocasiones ha parecido que íbamos a asistir, al fin, a la resolución última de la clásica paradoja: ¿Qué pasaría si una fuerza irresistible se enfrentase con un objeto inamovible? Siendo el objeto el dominio socialista en Andalucía y la fuerza la nueva política encarnada en Podemos o Ciudadanos. 
 
En este caso, las urnas han dado por vencedor al objeto inamovible. El PSOE está en condiciones de cumplir los 40 años al frente de la Junta, si contamos los tiempos de la junta preautonómica y su primer presidente, el juez Plácido Fernández Viagas.  
 
Primera dama. A la sevillana Susana Díaz se le reconocía ya la resistencia. Nadie consigue ejercer el liderazgo con tamaña autoridad en un organismo como el socialismo andaluz sin estar de sobra avezado en el juego de la política. Pero en las últimas semanas ha probado, además, una increible resiliencia, un término de moda, heredado de la psicología y que se utiliza para describir la capacidad de sobreponerse a los momentos difíciles. 
 
En el discurso de investidura que leyó en 2013 se felicitaba de ser la primera mujer en llegar a la presidencia de la Junta de Andalucía. Ya puede presumir, además, de ser la primera en ser elegida de forma expresa para tal propósito por la ciudadanía. Y con el mismo número de escaños (47) que Griñán alcanzó en 2012. Una hoja de servicios interesante si, finalmente, un mal resultado del partido en mayo le animase a hacer las veces de salvadora y luchar por encabezar las listas socialistas en las generales.
 

 
Tormenta perfecta. Que el objeto inamovible se haya mantenido estable en el ojo del huracán no implica que la fuerza irresistible se haya quedado quieta. Podemos y Ciudadanos, los nuevos partidos de moda, han conseguido, respectivamente, hundir a Izquierda Unida y dar al PP andaluz su peor noche de los últimos 25 años. 
 
El resultado, dramático, de la candidatura encabezada por Antonio Maíllo, da mucho que pensar sobre las posibilidades de Izquierda Unida de seguir adelante sin encontrar un camino de convergencia con Podemos. El triunfo de Ciudadanos, con 9 diputados, deja claro el potencial de la formación de Albert Rivera y obliga a UPyD a hacer una reflexión similar. 
 

 

 
Desde que nació el fenómeno Podemos, en las pasadas elecciones al Parlamento Europeo, no habíamos tenido una oportunidad real de medir el alcance real de este particular terremoto. Y los resultados nos dicen, al menos, que no conviene despreciar a los augures de toda la vida: las encuestas se han mostrado relativamente fiables en sus pronósticos. 
 
La distribución por escaños se parece mucho a la que avanzaban organismos como Metroscopia o GAD 3, y esto podría resultar importante de cara a las autonómicas y municipales de mayo, por no hablar de las generales que se celebrarán a finales de año. Los encuestadores también están entre los ganadores de estas elecciones.
 
En todo caso, que esta tormenta no nos oculte la realidad: el PSOE y el PP siguen controlando, conjuntamente, 80 escaños de 109, el 73% del Parlamento Andaluz. Los populares, incluso, pueden atribuir el resultado a dos factores que podrían no repetirse: un voto de castigo al Gobierno tras años de crisis que se han cebado especialmente con Andalucía, una de las regiones con mayores tasas de paro y paro juvenil, así como un candidato novel, Juan Manuel Moreno, que previsiblemente se consolidará en la dirección regional del PP.
 
En cuanto a la gobernabilidad, puede parecer que se ha complicado, pero en el entorno actual la falta de mayoría absoluta no parece demasiado problemática. Difícilmente Podemos, Ciudadanos o IU se avengan, por el momento, a convertirse en partidos bisagra. Pero probablemente cualquiera de ellos, e incluso el propio PP, facilitarán la gobernabilidad a base de abstenciones. Porque, tras estas elecciones, no hay alternativas viables a un gobierno encabezado por el PSOE. 
 
Winston Churchill dijo que para mejorar hay que cambiar, y que para ser perfecto hay que cambiar a menudo. Y luego está Andalucía.